Deberán presentar los talleres y trabajos a mas
tardar el día viernes a las 11 de la mañana.
Además, los trabajos deben ser escritos a mano
y en hojas de bloc, marcadas con su propia letra.
Deben enviármelos al numero personal.
Lee muy bien el siguiente texto:
La rana que quería ser una rana auténtica
Augusto Monterroso
Taller 1.
Responde las siguientes preguntas:
1.
¿Qué tipo de texto es?
2.
¿Cómo saben que es un cuento?
3.
Describe a la rana, utiliza 2 ó 3
adjetivos y dibuja.
4.
¿Quién es el autor del texto?
5.
¿Crees, igual que la rana, que el valor
propio está en la opinión de la gente? sí o no y
6.
¿Crees, igual que la rana, que el valor
propio está en la opinión de la gente? Si o no y ¿por qué?
7.
¿Qué significa la palabra sustantivo?,
extrae del texto todos los sustantivos que encuentres y separa los propios de
los comunes.
8.
¿Qué significa la palabra adjetivo?,
busca en el texto todos los adjetivos que encuentres y escríbelos.
Historia de dos cachorros de coatí
y de dos cachorros de hombre
(Cuentos de la selva, 1918)
Había una vez un coatí que tenía
tres hijos. Vivían en el monte comiendo frutas, raíces y huevos de pajaritos.
Cuando estaban arriba de los árboles y sentían un gran ruido, se tiraban al
suela de cabeza y salían corriendo con la cola levantada.
Una vez que los
coaticitos fueron un poco grandes, su madre los reunió un día arriba de un
naranjo y les habló así:
—Coaticitos: ustedes son
bastante grandes para buscarse la comida solos. Deben aprenderlo, porque cuando
sean viejos andarán siempre solos, como todos los coatís. El mayor de ustedes,
que es muy amigo de cazar cascarudos, puede encontrarlos entre los palos
podridos, porque allí hay muchos cascarudos y cucarachas. El segundo, que es
gran comedor de frutas, puede encontrarlas en este naranjal; hasta diciembre
habrá naranjas. El tercero, que no quiere comer sino huevos de pájaros, puede
ir a todas partes, porque en todas partes hay nidos de pájaros. Pero que no
vaya nunca a buscar nidos al campo, porque es peligroso.
"Coaticitos hay una
sola cosa a la cual deben tener gran miedo. Son los perros. Yo peleé una vez
con ellos, y sé lo que les digo; por eso tengo un diente roto. Detrás de los
perros vienen siempre los hombres con un gran ruido, que mata. Cuando oigan
cerca este ruido, tírense de cabeza al suelo, por alto que sea el árbol. Si no
lo hacen así, los matarán con seguridad de un tiro".
Así habló la madre. Todos
se bajaron entonces y se separaron, caminando de derecha a izquierda y de
izquierda a derecha, como si hubieran perdido algo, porque así caminan los
coatís.
El mayor, que quería
comer cascarudos, buscó entre los palos podridos y las hojas de los yuyos, y
encontró tantos, que comió hasta quedarse dormido. El segundo, que prefería las
frutas a cualquier cosa, comió cuantas naranjas quiso, porque aquel naranjal
estaba dentro del monte, como pasa en el Paraguay y Misiones, y ningún hombre
vino a incomodarlo. El tercero, que era loco por los huevos de pájaros, tuvo
que andar todo el día para encontrar únicamente dos nidos; uno de tucán, que
tenía tres huevos, y uno de tórtolas, que tenía sólo dos. Total, cinco huevos
chiquitos, que era muy poca comida; de modo que al caer la tarde el coaticito
tenía tanta hambre como de mañana, y se sentó muy triste a la orilla del monte.
Desde allí veía el campo, y pensó en la recomendación de su madre.
—¿Por qué no querrá mamá
—se dijo— que vaya a buscar nidos en el campo?
Estaba pensando así
cuando oyó, muy lejos, el canto de un pájaro. .
—¡Qué canto tan fuerte!
—dijo admirado—. ¡qué huevos tan grandes debe tener ese pájaro!
El canto se repitió. Y
entonces el coatí se puso a correr por entre el monte, cortando camino, porque
el canto había sonado muy a su derecha. El sol caía ya, pero el coatí volaba
con la cola levantada. Llegó a la orilla del monte, por fin, y miró al campo.
Lejos vio la casa de los hombres, y vio a un hombre con botas que llevaba un
caballo de la soga. Vio también un pájaro muy grande que cantaba y entonces el
coaticito se golpeó la frente y dijo:
—¡Qué zonzo soy! Ahora ya
sé qué pájaro es ése. Es un gallo; mamá me lo mostró un día de arriba de un
árbol. Los gallos tienen un canto lindísimo, y tienen muchas gallinas que ponen
huevos. ¡Si yo pudiera comer huevos de gallina!
Es sabido que nada gusta
tanto a los bichos chicos de monte como los huevos de gallina. Durante un rato
el coaticito se acordó de la recomendación de su madre. Pero el deseo pudo más,
y se sentó a la orilla del monte, esperando que cerrara bien la noche para ir
al gallinero.
La noche cerró por fin, y
entonces, en puntas de pie y paso a paso, se encaminó a la casa. Llegó allá y
escuchó atentamente: no se sentía el menor ruido. El coaticito, loco de alegría
porque iba a comer cien, mil, dos mil huevos de gallina, entró en el gallinero,
y lo primero que vio bien en la entrada fue un huevo que estaba solo en el
suelo. Pensó un instante en dejarlo para el final, como postre, porque era un
huevo muy grande, pero la boca se le hizo agua, y clavó los dientes en el
huevo.
Apenas lo mordió, ¡TRAC!,
un terrible golpe en la cara y un inmenso dolor en el hocico.
—¡Mamá, mamá! —gritó,
loco de dolor, saltando a todos lados. Pero estaba sujeto, y en ese momento oyó
el ronco ladrido de un perro.
Mientras el coatí
esperaba en la orilla del monte que cerrara bien la noche para ir al gallinero,
el hombre de la casa jugaba sobre la gramilla con sus hijos, dos criaturas
rubias de cinco y seis años, que corrían riendo, se caían, se levantaban riendo
otra vez, y volvían a caerse. El padre se caía también, con gran alegría de los
chicos. Dejaron por fin de jugar porque ya era de noche, y el hombre dijo
entonces:
—Voy a poner la trampa
para cazar a la comadreja que viene a matar los pollos y robar los huevos.
Y fue y armó la trampa.
Después comieron y se acostaron. Pero las criaturas no tenían sueño, y saltaban
de la cama del uno a la del otro y se enredaban en el camisón. El padre, que
leía en el comedor, los dejaba hacer. Pero los chicos de repente se detuvieron
en sus saltos y gritaron:
—¡Papá! ¡Ha caído la
comadreja en la trampa! ¡Tuké esta ladrando! ¡Nosotros también queremos ir,
papá!
El padre consintió, pero
no sin que las criaturas se pusieran las sandalias, pues nunca los dejaba andar
descalzos de noche, por temor a las víboras.
Fueron. ¿Qué vieron allí?
Vieron a su padre que se agachaba, teniendo al perro con una mano, mientras con
la otra levantaba por la cola a un coatí, un coaticito chico aún, que gritaba
con un chillido rapidísimo y estridente, como un grillo.
—¡Papá, no lo mates!
—dijeron las criaturas—. ¡Es muy chiquito! ¡Dánoslo para nosotros!
—Bueno, se los voy a dar
—respondió el padre—. Pero cuídenlo bien, y sobre todo no se olviden de que los
coatís toman agua como ustedes.
Esto lo decía porque los
chicos habían tenido una vez un gatito montés al cual a cada rato le llevaban
carne, que sacaban de la fiambrera pero nunca le dieron agua, y se murió.
En consecuencia, pusieron
al coatí en la misma jaula del gato montés, que estaba cerca del gallinero, y
se acostaron todos otra vez.
Y cuando era más de
medianoche y había un gran silencio, el coaticito, que sufría mucho por los
dientes de la trampa, vio, a la luz de la luna, tres sombras que se acercaban
con gran sigilo. El corazón le dio un vuelco al pobre coaticito al reconocer a
su madre y sus dos hermanos que lo estaban buscando.
—¡Mamá, mamá! —murmuró el
prisionero en voz muy baja para no hacer ruido—. ¡Estoy aquí! ¡Sáquenme de
aquí! ¡No quiero quedarme, ma... má! —y lloraba desconsolado.
Pero a pesar de todo
estaban contentos porque se habían encontrado, y se hacían mil caricias en el
hocico.
Se trató en seguida de
hacer salir al prisionero. Probaron primero cortar el alambre tejido, y los
cuatro se pusieron a trabajar con los dientes; mas no conseguían nada. Entonces
a la madre se le ocurrió de repente una idea, y dijo:
—¡Vamos a buscar las
herramientas del hombre! Los hombres tienen herramientas para cortar fierro. Se
llaman limas. Tienen tres lados como las víboras de cascabel. Se empuja y se
retira. ¡Vamos a buscarla!
Fueron al taller del
hombre y volvieron con la lima. Creyendo que uno solo no tendría fuerzas
bastantes, sujetaron la lima entre los tres y empezaron el trabajo. Y se
entusiasmaron tanto, que al rato la jaula entera temblaba con las sacudidas y
hacía un terrible ruido. Tal ruido hacía, que el perro se despertó, lanzando un
ronco ladrido. Mas los coatís no esperaron a que el perro les pidiera cuenta de
ese escándalo y dispararon al monte, dejando la lima tirada.
Al día siguiente, los
chicos fueron temprano a ver a su nuevo huésped, que estaba muy triste.
—¿Qué nombre le
pondremos? —preguntó la nena a su hermano.
—¡Ya sé! —respondió el
varoncito—. ¡Le pondremos Diecisiete!
¿Por qué Diecisiete?
Nunca hubo bicho del monte con nombre más raro. Pero el varoncito estaba
aprendiendo a contar, y tal vez le había llamado la atención aquel número.
El caso es que se llamó
Diecisiete. Le dieron pan, uvas, chocolate, carne, langostas, huevos,
riquísimos huevos de gallina, lograron que en un solo día se dejara rascar la
cabeza; y tan grande es la sinceridad del cariño de las criaturas, que, al
llegar la noche, el coatí estaba casi resignado con su cautiverio. Pensaba a
cada momento en las cosas ricas que había para comer allí, y pensaba en
aquellos rubios cachorritos de hombre que tan alegres y buenos eran.
Durante dos noches
seguidas, el perro durmió tan cerca de la jaula, que la familia del prisionero
no se atrevió a acercarse, con gran sentimiento. Cuando a la tercera noche
llegaron de nuevo a buscar la lima para dar libertad al coaticito, éste les
dijo:
—Mamá: yo no quiero irme
más de aquí. Me dan huevos y son muy buenos conmigo. Hoy me dijeron que si me
portaba bien me iban a dejar suelto muy pronto. son como nosotros son
cachorritos también, y jugamos juntos.
Los coatís salvajes
quedaron muy tristes, pero se resignaron, prometiendo al coaticito venir todas
las noches a visitarlo.
Efectivamente, todas las
noches, lloviera o no, su madre y sus hermanos iban a pasar un rato con él. El
coaticito les daba pan por entre el tejido de alambre, y los coatís salvajes se
sentaban a comer frente a la jaula.
Al cabo de quince días,
el coaticito andaba suelto y él mismo se iba de noche a su jaula. Salvo algunos
tirones de orejas que se llevaba por andar muy cerca del gallinero, todo
marchaba bien. Él y las criaturas se querían mucho, y los mismos coatís
salvajes, al ver lo buenos que eran aquellos cachorritos de hombre, habían
concluido por tomar cariño a las dos criaturas.
Hasta que una noche muy
oscura, en que hacía mucho calor y tronaba, los coatís salvajes llamaron al
coaticito y nadie les respondió. Se acercaron muy inquietos y vieron entonces,
en el momento en que casi la pisaban, una enorme víbora que estaba enroscada en
la entrada de la jaula. Los coatís comprendieron en seguida que el coaticito
había sido mordido al entrar, y no había respondido a su llamado porque acaso
estaba ya muerto. Pero lo iban a vengar bien. En un segundo, entre los tres,
enloquecieron a la serpiente de cascabel, saltando de aquí para allá, y en otro
segundo, cayeron sobre ella, deshaciéndole la cabeza a mordiscones.
Corrieron entonces
adentro, y allí estaba en efecto el coaticito, tendido, hinchado, con las patas
temblando y muriéndose. En balde los coatís salvajes lo movieron; lo lamieron
en balde por todo el cuerpo durante un cuarto de hora. El coaticito abrió por
fin la boca y dejó de respirar, porque estaba muerto.
Los coatís son casi
refractarios como se dice, al veneno de las víboras. No les hace casi nada el
veneno, y hay otros animales, como la mangosta que resisten muy bien el veneno
de las víboras. Con toda seguridad el coaticito había sido mordido en una
arteria o una vena porque entonces la sangre se envenena en seguida, y el animal
muere. Esto le había pasado al coaticito.
Al verlo así, su madre y
sus hermanos lloraron un largo rato. Después, como nada más tenían que hacer
allí, salieron de la jaula, se dieron vuelta para mirar por última vez la casa
donde tan feliz había sido el coaticito, y se fueron otra vez al monte.
Pero los tres coatís, sin
embargo, iban muy preocupados, y su preocupación era ésta: ¿qué iban a decir
los chicos, cuando, al día siguiente, vieran muerto a su querido coaticito? Los
chicos le querían muchísimo, y ellos, los coatís, querían también a los
cachorritos rubios. Así es que los tres coatís tenían el mismo pensamiento, y
era evitarles ese gran dolor a los chicos.
Hablaron un largo rato y
al fin decidieron lo siguiente: el segundo de los coatís, que se parecía
muchísimo al menor en cuerpo y en modo de ser, iba a quedarse en la jaula en
vez del difunto. Como estaban enterados de muchos secretos de la casa, por los
cuentos del coaticito, los chicos no desconocerían nada; extrañarían un poco
algunas cosas, pero nada más.
Y así pasó en efecto.
Volvieron a la casa, y un nuevo coaticito , reemplazó al primero, mientras la
madre y el otro hermano se llevaban sujetos a los dientes el cadáver del menor.
Lo llevaron despacio al monte, y la cabeza colgaba, balanceándose, y la cola
iba arrastrando por el suelo.
Al día siguiente los
chicos extrañaron, efectivamente, algunas costumbres raras del coaticito. Pero
como éste era tan bueno y cariñoso como el otro, las criaturas no tuvieron la
menor sospecha. Formaron la misma familia de cachorritos de antes, y, como
antes, los coatís salvajes venían noche a noche a visitar al coaticito
civilizado, y se sentaban a su lado a comer pedacitos de huevos duros que él
les guardaba, mientras ellos le contaban la vida de la selva.
Horacio Quiroga
Taller 2
1. Marca
la o las respuestas correctas:
2. Ordena
la secuencia de hechos según corresponda:
La madre y los hermanos vinieron a
rescatar al coatí.
Los niños se quisieron quedar con el coatí
de mascota.
La madre los reunió arriba de un naranjo.
Un nuevo coaticito reemplazó al primero.
La trampa dañó el hocico del coatí.
El coatí desobedeció y se fue al campo.
El coatí prefirió quedarse con los niños
que lo habían adoptado.
3. Crea
un final diferente al texto:
4. Lee el
siguiente fragmento y reemplaza debajo las palabras resaltadas por sus
antónimos. Recuerda mantener correspondencia entre número y género.
Coaticitos:
ustedes son bastante grandes para buscarse la
comida solos. Deben aprenderlo, porque cuando sean viejos,
siempre andarán solos, como todos los coatís. El mayor de ustedes, que es muy amigo
de cazar cascarudos, puede encontrarlos entre los palos podridos, porque allí
hay muchos cascarudos y cucarachas.
—Coaticitos:
ustedes son para
buscarse la comida solos. Deben aprenderlo, porque cuando sean andarán solos, como todos los coatís. El de ustedes, que es muy de cazar cascarudos, puede encontrarlos entre
los palos podridos, porque allí hay cascarudos y cucarachas.
5. ¿Qué
son palabras sinónimas y antónimas?, escribe 5 ejemplos de cada una
6. ¿Qué
significa Género y número del sustantivo?
7. ¿Cuál
es la moraleja de este cuento?
8. Relaciona
cada pregunta con una respuesta.
Preguntas de opción múltiple
9. diecisiete
A. lo que come el segundo cachorro
B. el nombre del cachorro menor
C. el número de hijos en la familia de coatís
D. resistente al veneno
10. Huevos de pájaros
A. Lo que comía el menor
B. Lo que come el segundo cachorro
C. Lo que comía el mayor
D. Lo que comía el segundo.
11. Completa:
A. Autor: _____________________________________
B. Personaje Principal:
____________________________________
C. Personajes secundarios: _________________________________
D. Características físicas del personaje principal:
________________
12. Delante de cada afirmación coloca V o F, según
corresponda, justifica tu respuesta cuando respondas Falso.
A.______La madre coatí tenía 4 hijos
B.______A todos los coaticitos les
gustaban diferentes cosas para
comer.
C.______El tercero de los coaticitos era
loco por los huevos.
D.______El hombre de la casa tenía tres
hijos.
E.______El perro de la casa se llamaba
Guardián.
F.______Cuando los niños recibieron el
coatí lo pusieron en la jaula del gato montés.
13. Encierra en un círculo la letra de la alternativa
correcta.
Según el cuento; ¿Que les dijo la madre a
los coatí cuando ya eran grandes?
a) Ustedes son
bastante grandes y deben aprender a buscar su comida solos.
b) Ustedes son
flojos deben trabajar por su comida.
c) Ustedes no
saben buscar su comida yo les enseñaré.
14. ¿A qué le deben temer los coaticitos?
a) A los
gallos.
b) A los
cascarudos.
c) A los perros.
15. ¿Qué le sucedió al coaticito cuando llego al
gallinero?
a) Comió
muchos huevos.
b) Lo atacó el
gallo
c) Cayó en una
trampa que preparó el hombre.
16. La trampa
la colocaron para cazar
a) Un zorro.
b) Un coatí
c) Una
comadreja
17. El coati que cayo en la trampa había ido a buscar
a) Huevoa.
b) Frutas.
c) Manzanas.
18. Los coati para cortar los alambres de la jaula
utilizaron:
a) Un serrucho.
b) Un
alicate.
c) Una lima.
19. Los niños de la casa
a) Querían al
coati.
b) Nole daban
comida
c) Maltrataban al coati.
20. Realiza un dibujo sobre el cuento.
Recuerda que un Sustantivo es la
palabra que da nombre a Personas, objetos, lugares,
estados, etc. Y un adjetivo es la
palabra que hace referencia a características del sustantivo. Lee el
siguiente texto y extrae 12 Sustantivos y 12 Adjetivos que encuentres
allí.
Uno de los personajes más recordados de
la Copa Mundial de Fútbol de 2010 es un octópodo, perteneciente
a la especie de los pulpos comunes: el
pulpo Paul. Se hizo famoso en el acuario Oberhausen de Alemania
por sus predicciones sorprendentes sobre
los resultados de los partidos internacionales de la selección
alemana. Predijo acertadamente los
resultados de cuatro de los seis partidos que la selección jugó en la
Eurocopa 2008 y los resultados de los
siete partidos que jugó el combinado alemán en el Mundial, incluso el
de la final entre España y Holanda ( 0 –
1) que determinaría el vencedor final. En sus misteriosas predicciones
en la Copa Mundial no se equivocó ni una
vez. El pulpo psíquico, como fue llamado, adivinaba los resultados
eligiendo entre dos urnas plásticas con
las banderas distintivas de los equipos, dentro de las cuales había el
mismo tipo de comida. Aunque el pulpo
común se considera la especie más inteligente de los animales
invertebrados por su increíble memoria,
su hábil capacidad para eludir a los depredadores y su destacable
pericia para resolver problemas
complejos y distinguir tonos y formas, no puede distinguir colores porque solo
dispone de un tipo de células cono, a
diferencia de otras especies que sí pueden hacerlo. Se afirma que el
pulpo Paul basaba su rara facultad en
distinguir las tonalidades y los contrastes. El pulpo Paul murió el 26 de
octubre de 2010 por causas naturales
La narración
Taller 3
Taller 4
Relaciona cada sujeto con el predicado teniendo en cuenta la
concordancia. Escribe las oraciones que se formaron y encierra el verbo.
· Guillermo … maúlla todas las
mañanas.
·
Aquella gata blanca … llegaron
cansados a la meta.
· Los corredores
… fue al dentista hace dos días.
· Ana y
Luisa … bañan
a su mascota
Completa los razonamientos.
a. El
sujeto de “Sofía monta bicicleta” es Sofía, porque…
b. En “El
maravilloso mundo… “la palabra “maravilloso” no es el núcleo del sujeto porque…
c. El núcleo
del predicado de la oración “Pedro duerme tranquilo” es “duerme”, porque…
d. El predicado
de Lorenzo juega ajedrez” es “juega ajedrez”, porque… Fase de salida.
Completa cada oración con la palabra
adecuada
¿Qué palabras polisémicas aparecen en
estas oraciones?
Escríbelas y explica su significado.
¿Cuáles son las palabras polisémicas?, escribe
y ejemplos
Observa el gráfico, y responde; ¿Qué nos
explica
Realiza un mapa conceptual sobre la oración
gramatical
Clasifica las oraciones según la categoría del
cuadro




